Entrevista a Cristian Tissier (Fuente: dojo Hiryukan, de Pamplona -www.hiryukan.com-)

Christian Tissier:

  • “Cuando mis maestros hablan de mí, me dicen que soy como un japonés”
  • “El Aikido no es un juego, es una disciplina. Es una manera de conducirse que necesita inscribirse en el día a día”
  •  “En aquel tiempo pensaba que yéndome seis meses a Japón me iba a convertir en el mejor del mundo”
  • “En el Aikido es muy importante el hecho de pertenecer a un grupo, a un Dojo”
  • “Es difícil elaborar algo parecido a una competición en este deporte”
  • “El modo de avanzar en Aikido es como cuando se va tirando de una cuerda, no se puede estirar de cualquier forma: la precisión de las manos, poniéndolas en el sitio correcto, y estirando en el momento propicio es lo que va a dar el resultado.”

1. Según la definición de Aikido, esta disciplina es el “camino de la energía y la armonía”, pero; ¿Qué es para usted el Aikido?
Creo que el Aikido se puede entender más como un sistema de educación que como sencillamente la vía de la armonía. Es un método que integra una serie de principios en términos de comunicación, de intercambio; de respeto de la integridad; de sostener la actitud justa en el momento justo; de la búsqueda de un gesto puro a pesar de un adversario que está frente a ti para desestabilizarte.

2. Usted empezó en 1962. ¿Cómo ha evolucionado este deporte hasta la actualidad? ¿Ha cambiado mucho?
Sí. La forma por la que fui impresionado, casi anonadado por mis maestros era mucho mayor de lo que, seguramente, podría notar ahora. Tal vez era un “aturdimiento” de principiante, motivado por todo lo maravilloso que podía tener el Aikido; pero no me daba cuenta de la dimensión técnica que podría tener, porque ésta era relativamente pobre en aquellos años.
Entonces, evidentemente la técnica ha evolucionado porque la gente ha evolucionado, y no se puede concebir una actividad física que no mejore con el tiempo. Si lo comparamos con el atletismo, a Jesse Owens, plusmarquista de los 100 metros en 1936 hoy le ganarían casi todos.
En el Aikido también se han producido algunos cambios que no se limitan solo a la precisión técnica sino que incluyen también a la relación existente entre los dos protagonistas.

3. Se marchó a Japón para “beber de la fuente”, para aprender con los mejores maestros. En teoría se marchó para estar 6 meses y estuvo 7 años. ¿Qué le aportó personalmente su estancia allí?
Al decidir viajar no sabía lo que me iba a encontrar allí, pero me imaginaba que habría maestros excepcionales de los que aprender… y efectivamente allí estaban. Obviamente no era posible quedarse solo seis meses y permanecí en Japón algo más de siete años. Además, cuando volví y durante los siguientes diez, seguí pasando cuatro meses por año allá.
Cuando llegué tenía 18 años, era un adolescente. Toda mi juventud fue japonesa: la cultura, la forma de relacionarme con las personas… Y, al volver, me di cuenta de que no estaba exactamente en la “misma onda” que la gente que había dejado en Francia.
Fue un cambio cultural bastante importante y no me había dado cuenta de ese cambio, cuando uno es joven es como una esponja y me había empapado totalmente de la cultura japonesa. Viendo la edad que tenía cuando fui, lo vivido me resultó más natural que si hubiera viajado con 30 o 40 años.
De esto se dieron cuenta enseguida mis maestros y el entorno con el que me relacioné allí, cuando hablan de mí dicen que soy como un japonés; pero no en lo que se refiere al Aikido, sino en muchos otros aspectos culturales.
De todas formas hay que entender que no soy japonés, puedo integrarme en la sociedad japonesa, entender los códigos, los gestos, conducirme como uno más; pero no he perdido mi identidad occidental. No ha sido un intercambio de una cultura por otra, sino una “superposición” que me permite conocer las
reacciones o la forma de pensar y me facilita comportarme como desee hacerlo.

4. En ese tiempo ¿De qué vivía? ¿Cuál era su trabajo?
Cuando llegué vivía de poca cosa. Me tomaba una sopa por la mañana y era para el día (sonríe)
Tenía un diploma de maestro de escuela y quería dar clases de francés, pero con 18 años la cosa no resultaba muy creíble. Entonces al cabo de seis o siete meses de estar allí se dio la oportunidad de que el Liceo Francés de Japón necesitaba un profesor de francés para los niños de su escuela japonesa. Para ello hacía falta ser Cooperante Militar y, como yo tenía que hacer la “mili”, tenía el diploma de maestro y hablaba ya algo de japonés, entré como cooperante en la Sección Japonesa del Liceo Francés de Tokio donde daba clases de ese idioma a las mañanas durante cuatro horas.
Cuando acabé esta misión y, como ya tenía un pie en el sistema, pasé a ocupar plaza de profesor titular en el Instituto Franco – Japonés de Tokio, en el que tampoco hacía muchas horas y me pagaban muy bien.
Además, también hice trabajos como modelo fotográfico y para la televisión y cine japonés.

5. ¿Cómo se vive allí el Aikido?
El Aikido es una actividad un tanto peculiar dentro de las artes marciales.
Si hablamos, por ejemplo de Kendo o de Karate, observamos que son disciplinas claramente de “derechas”. La mayor parte de las personas entran en las artes marciales porque en ellas se encuentra el “espíritu japonés”. Hay un componente nacionalista muy importante de exaltación de ser japonés.
En el Aikido es distinto. Evidentemente atrae a esas personas de las que hemos hablado antes pero, del mismo modo, a una vanguardia más bien intelectual. En el mundo del Aikido se intenta hacer convivir a estos dos grupos: a quien viene buscando ese aspecto nacionalista japonés fuerte, de jerarquía y a quienes ven esta disciplina como algo más abierto, algo en el que puede participar hasta el que no es japonés.
Es esta mezcla y la convivencia de esos dos aspectos lo que aumenta la riqueza de lo que puede ser el Aikido en Japón.
Hace poco estuve allí y volví a ver a las mismas personas que se ejercitaban conmigo en mi juventud y que eran mayores que yo. No van sólo por realizar una actividad física beneficiosa para su salud, es el hecho de pertenecer a un grupo, a un Dojo. Estoy convencido que, aunque no pudieran, por la edad, seguir practicando, continuarían pagando la cuota, por esa cuestión tan japonesa de la fidelidad, de pagar un tributo por algo que es importante para ellos.

6. ¿Vio que era necesario ese viaje para conseguir sus objetivos dentro de este deporte?
Hay que situar esta decisión en el contexto de esos años en Europa (1968). Todos los jóvenes querían marcharse, emanciparse; vivir el “gran viaje”. Se iban a Katmandú, a Méjico o al Mato Grosso.
Yo en aquel tiempo practicaba Aikido y pensaba que yéndome a Japón durante seis meses me iba a convertir forzosamente en el mejor del mundo.

7. ¿Un occidental puede entender completamente la cultura y costumbres de estos países?
Comprender la cultura y las costumbres de una manera intelectual, por supuesto. Vivirlos ya sería más difícil.
La cultura japonesa es muy compleja, muy antigua y, en algunos aspectos, incluso nos puede parecer arcaica. Hay cosas que bajo nuestro prisma nos pueden parecer inaceptables. Entonces, ¡claro que la podemos entender! pero nunca reaccionaremos como un japonés en determinadas situaciones, precisamente porque no lo somos.

8. Sabemos que los DAN son los grados que se van alcanzando en las artes marciales pero, en Aikido ¿Qué significa ser SHIHAN?
Hay que establecer la diferencia entre DAN y SHIHAN. Evidentemente que a éste solo se puede acceder a partir de cierto grado, pero no es un grado, es un título. Tener rango de SHIHAN es como ser catedrático, es el título más alto dentro de la enseñanza del Aikido.

9. Este deporte rechaza la competición. ¿Por qué?
En primer lugar el Aikido es un sistema o una disciplina de defensa. El que lo practica, no hace más que defenderse, entonces es difícil elaborar algo que se parezca a una competición con un atacante y un defensor a la manera de otras Artes Marciales.
Además, en todo momento existe cierto grado de competición. Por ejemplo en los pasos de grado, cuando se da una anotación se sabe quién es mejor o quién es peor.
Creo que el único que puede conocer la realidad de la técnica que realiza, la potencia que tiene, la fluidez, la posibilidad de bloqueo, es el que ataca.

10. Usted ha sido pionero de este deporte en Francia ¿Cuál cree que es la situación actual del Aikido enFrancia y en el resto de Europa y si nos puede hablar algo de España? 
Bueno, pionero dentro de lo que cabe, porque antes que yo hubo muchos otros como los Sensei Abe; Sensei Nakazono; Sensei Tamura; Sensei Noro o los franceses Sensei Tavernier o Sensei Nocquet. Dentro de lo que es el Aikido, Francia es, junto a Japón, el país más importante en relación al número de practicantes. Por poner un ejemplo, en Alemania son unos 15.000 Aikidokas en un país de 100 millones de habitantes. En Francia, cuya población es de unos 60 millones, estaremos alrededor de 80.000 este año.
Hay razones para esto. Los japoneses que venían a enseñar artes marciales a Europa desembarcaban en Marsella debido a la idea que tenían sobre Francia como un país “céntrico”.
Es obvio que cuando hay una cantera importante es más fácil que salgan individuos de calidad. Pero si se mira el conjunto también hay mucha gente con menores aptitudes. En Japón, que es la cuna del Aikido, ocurre lo mismo: hay grandísimos maestros que conviven con otros dojos normales que no tienen un gran nivel.
En lo que a España se refiere no tengo una visión global de lo que es el Aikido español porque los que conozco son un grupo que veo
ya hace muchos años o personas especialmente interesadas por el tipo de trabajo que propongo.
La sensación que tengo es que hay mucha gente que se ha movido bastante con grandes maestros y que quizás estén, por decirlo así, como “huérfanos”. Como si les faltara el seguir un tipo de trabajo durante el tiempo suficiente para asentar las bases.

11. Usted ha viajado por muchos países impartiendo cursos. ¿Qué lugar le ha gustado más?
Hay muchos lugares. Hay muchos sitios en los que me siento bien. Países de Sudamérica como Brasil o Argentina que son lugares de cultura latina y en los que tengo la sensación de estar en como en casa.
Últimamente también estuve en Singapur que es una ciudad muy atípica dentro de lo que son las ciudades asiáticas; muy limpia, muy ordenada, con muchas zonas verdes y una gente encantadora.
Para la práctica del Aikido uno de los sitios a los que me gusta ir, en general, es a los países nórdicos (Suecia; Finlandia; Polonia; Rusia) porque es gente muy comprometida y que trabaja mucho. Aunque me gusta ir no viviría en ellos, ¡hace mucho frio!
También me gustan ciudades de Estados Unidos como San Diego; me gusta Japón, me gusta Italia…

12. ¿Le ha ocurrido alguna anécdota en alguno de ellos?
Una de las cosas, descontando los países del extremo oriente donde no se tocan para saludarse, es la costumbre que tenemos en Francia de darnos besos cuando nos encontramos. Entonces cuando viajo nunca sé cómo va: En Bélgica es un beso, en Italia dos, En París son cuatro, en el sur se dan dos. Nunca sabes
No es una anécdota muy divertida pero lo que quiero expresar es que, cuando se viaja mucho, al final uno no sabe dónde está.
Otro hecho curioso que me ocurrió fue hace poco en Singapur. Al finalizar el curso se me acercó una mujer indonesia que llevaba velo y que quería sacarse una foto junto a mí. Entonces yo coloqué el brazo por encima de su hombro para hacer la instantánea (no hubo ningún problema) y más tarde vino la señora a hablar
conmigo y me dijo: “Me gusta mucho lo que hace. Usted tiene un Aikido muy romántico”.

13. ¿Había estado antes en Navarra? ¿Conoce usted algo?
Ya he venido alguna vez a Navarra. Sé que hay grandes especialidades culinarias como los espárragos; conozco los encierros de Pamplona que he visto en la tele, pero no se puede decir hoy en día que sea un especialista sobre Navarra.

14. ¿Cuál es el objetivo del curso que imparte aquí?
En este momento todavía no sé lo que vamos a hacer en estas jornadas porque depende mucho del tipo de público que asista; si hay muchos principiantes; mucha gente experimentada o muchos cintos negros etc…
Tengo como una trama o un hilo conductor del trabajo que quiero llevar a cabo pero no les voy a explicar lo que es el Aikido o como hacer este deporte porque en un día no es posible.
Lo que quiero conseguir, bien por la práctica o bien por las explicaciones, es dar a los asistentes una perspectiva, unos puntos de referencia y unos pasos que se puedan utilizar para ir avanzando dentro de lo que es la práctica de esta disciplina.

15. ¿Qué cree usted que necesita el Aikido navarro para crecer más rápido?
En parte la respuesta está contenida en lo que era la pregunta anterior, es decir, lo veré mañana. Por otro lado el año pasado cuando vine a Pamplona entre las 100 o 150 personas que estaban en el tatami no sé quiénes eran navarros y quienes venían de otras comunidades; en todo caso, lo que puede necesitar el Aikido Español, en general, es poco a poco ir integrando lo que es una lógica de trabajo.
Evidentemente se puede hablar del Ki o del Kokyu, durante cierto tiempo pero, en un momento dado, hay que ver qué lógica interna tiene la técnica y cómo dentro de una técnica se va pasando de un punto a otro para que ésta vaya ganando en precisión.
Es como cuando se va tirando de una cuerda, no se puede estirar de cualquier forma: la precisión de las manos, poniéndolas en el
sitio correcto, y estirando en el momento adecuado es lo que va a dar el resultado.

16. Tisser en francés significa tejer. Su apellido tiene una raíz muy parecida. ¿Usted cree que un buen maestro debe saber manejar muy bien los hilos para “confeccionar” buenos alumnos?
Es muy bonita esta pregunta. Efectivamente mi apellido seguramente me viene de algún antepasado que fue tejedor y la idea de tejer y de manejar hilos para trenzar algo más consistente es algo muy importante.
Dentro del Aikido y en lo que atañe a la relación del alumno con el Maestro se podría entender esto como el tejer un lazo, algo que va ir perdurando en el tiempo, de la misma manera que yo hoy en día soy abuelo y estoy tejiendo lazos con mi nieto.
Entre aikidokas es importante el poder entrelazar esa relación.

17. ¿Por qué recomendaría usted practicar Aikido? ¿Qué cree usted que este deporte puede aportar a la formación del ser humano?
Porque es fantástico. Pero de la misma manera podría recomendar otras cosas. Podría recomendar por ejemplo la pintura, en la medida en el que alguien pinta lo mejor que puede y se dedica a ello con toda su alma.
Tú puedes ir a esquiar una semana al año y te vas a divertir; por la misma razón puedes jugar al tenis dos veces al mes y lo pasarás bien, no harás progresos, pero te divertirás.
El Aikido no es un juego, es una disciplina. Es una manera de conducirse que necesita inscribirse en el día a día, si no practicas a diario no puedes llegar.
Este deporte se define en términos de búsqueda o de investigación, en el que la herramienta es el cuerpo. Es el cuerpo y la relación con los demás y en ese aspecto sí que debo recomendar mi deporte; no sólo porque soy Aikidoka, sino también porque creo es una actividad que ayudará a desarrollar todo lo que concurre en lo humano.

La charla llega a su fin. El tiempo ha pasado volando oyendo las palabras del Maestro. Christian Tissier, al que no le ha abandonado la sonrisa en toda la velada, se levanta y se despide de nosotros.
Queda muchos camino por recorrer, muchos Dojos que visitar. El año que viene también será próvido en actividad para Tissier. Países como Inglaterra, Alemania, Suiza, Rusia, Marruecos, Estados Unidos o, como no, Japón; tendrán la fortuna de recibir las sabias enseñanzas del maestro.
¡Buen viaje Shihan!